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LA PARROQUIA DE SAN FRANCISCO

En nuestra sección «Conociendo Patrimonio»: la parroquia de San Francisco

La actual parroquia de San Francisco y San Eulogio de la Axerquía era el templo del antiguo convento de San Pedro el Real, fundado en época del rey Fernando III, en la collación de San Nicolás de la Axerquía. Actualmente es la primera parada de la Ruta de las Iglesias Fernandinas. Aunque su origen estuvo ligado al resto de las iglesias fernandinas, no era una de ellas, sino un recinto conventual fundado también por el rey Fernando III. No fue parroquia hasta el siglo XX. La existencia de este convento aparece ya en las fuentes documentales a mediados del siglo XIII, a costa de una serie de pleitos por el uso del agua de los acuíferos de la zona. Según algunos historiadores, el rey Fernando III donará el suelo para este convento en el año 1241. A partir de esa fecha se suceden los documentos, que corroboran el asentamiento de los franciscanos en el solar. Muy pocos restos quedan de este primer edificio en el interior de la iglesia. Estos restos se sitúan en el arranque de las bóvedas de la cabecera, parte del crucero y la capilla del evangelio, que linda con el claustro, que hoy podemos contemplar en el exterior. Desde sus orígenes fue una comunidad con un gran poder económico, social y religioso. Obtuvo diversos privilegios debido al apoyo directo de la Casa Real y fueron muchos los nobles de la ciudad que desearon ser enterrados allí. Todo ello hizo que dicho poder se fuera incrementando a lo largo del tiempo.

A diferencia de los templos fernandinos paralelos en tiempo a éste, no tiene tres naves. En este caso se trata de una iglesia de una sola nave, con crucero y cabecera compuesta por tres ábsides poligonales, el central de mayores dimensiones. Responde al modelo conventual muy repetido en otros lugares. Las capillas de la cabecera, son los únicos espacios que conservan las bóvedas de crucería góticas. Al lado sur se abren otra serie de capillas y en el lado norte, hornacinas cuyo muro exterior linda con el claustro. Este tipo de planta difiere del resto de iglesias fernandinas cordobesas que tienen tres naves. Este modelo está influenciado por la arquitectura que dominaba las órdenes mendicantes.

Interior de San Francisco

En el siglo XVIII sufrió una gran transformación, pasando de ser un edificio medieval a una fábrica totalmente barroca. Las obras estuvieron a cargo de Francisco López y la decoración ha sido atribuida a Teodosio Sánchez de Rueda. Los arcos apuntados de la nave fueron sustituidos por otros de medio punto y las pilastras que lo sostenían por pilastrones. Algunas de las ventanas fueron cegadas y todo el espacio fue cubierto por elementos ornamentales del gusto barroco. La nave es de grandes dimensiones y se cubre con bóveda de cañón con fajones y lunetos del período barroco, en los que aparecen las ventanas. Tiene coro, situado a los pies, que se abre a los laterales formando una especie de tribunas, que llegan hasta el crucero. Sobre el crucero, se alza una imponente cúpula barroca, que apoya en pechinas decoradas con destacadas figuras de la Orden.

Detalle del crucero

Durante la desamortización, las dependencias claustrales fueron vendidas. A lo largo del siglo XIX diversas dependencias fueron desmanteladas, aunque el templo siguió manteniendo culto. Durante todo ese siglo y gran parte de la centuria del novecientos, el templo sufrió diferentes reformas para paliar los daños causados por el paso del tiempo. En las dependencias conventuales se instaló durante un tiempo una fábrica de paños. Poco después fue comprado por una constructora y se derribó el edificio, quedando sólo el templo y parte del claustro. Es entonces cuando se convierte en la parroquia del barrio. Hacia 1977 se procede a reformar el templo para restaurarlo y en las obras aparecieron partes de la antigua estructura medieval.

El claustro de la parroquia era conocido como el patio de los naranjos. En la actualidad sólo se conservan parte de dos de sus alas. Tiene dos plantas, con arquerías de medio punto, delgadas columnas y molduras en las enjutas. El primitivo claustro fue algo más pequeño. El conservado es obra del barroco. La portada principal es de 1731. Está compuesta por un vano de acceso con arco de medio punto y clave muy marcada. Se flanquea con pilastras pareadas sobre basamentos y rematadas con capiteles toscanos. Sobre el vano de acceso se lazan varios capiteles más del mismo tipo que enmarcan una hornacina, en cuyo interior aparece la figura del rey Fernando. Se remata con frontón curvo partido, pináculos en las esquinas, una ventana al centro y escudo de la orden sobre la ventana.

Claustro de San Francisco

El primitivo acceso al convento se realiza a través del conocido como Compás de San Francisco de 1782, un arco avenerado con una hornacina superior en la que aparece la imagen de San Francisco y que da paso al que se conoce ahora como Jardín de los Plateros, es un homenaje de la ciudad hacia ese gremio, de lo que queda el testigo del azulejo de la Virgen de los Plateros, una reproducción del cuadro de Valdés Leal.

Compás de San Francisco