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EL CONVENTO DE LOS PADRES DE GRACIA

En nuestra sección «Conociendo Patrimonio»: el convento de los padres de Gracia

Junto a las murallas de la Ronda del Marrubial y donde antaño estaba la Puerta de Plasencia, se alzaba una pequeña ermita dedicada a Nuestra Señora de Gracia. A comienzos del siglo XVII, el beato fray Juan Bautista de la Concepción reformó la orden trinitaria y fundó varios conventos en España, entre ellos el de Córdoba en el año 1608 en el lugar que ocupaba esa ermita. Fray Juan Bautista se retiró al final de su vida a la ciudad cordobesa y en ella murió el 14 de febrero de 1613. El templo fue construido en ese siglo y el arquitecto Sebastián Vidal fue el encargado de realizar su trazado.

Convento de los Padres de Gracia

El edificio se alza majestuoso hacia la plaza que da nombre. La monumental portada está realizada a la manera de una fachada retablo y en el centro se encuentra el acceso principal al templo, rematado con un entablamento decorado y frontón partido, que cobija una hornacina en la que aparece la representación de la Santísima Trinidad. A ambos lados, se repite la estructura con las representaciones de San Juan de la Mata y San Félix de Valois. Sobre las hornacinas laterales, se abren ventanales. Por encima y apoyados en repisas voladizas, aparecen las figuras de Nuestra Señora de Gracia, San Rafael y San Miguel.

Detalle de la fachada

Toda esa monumentalidad externa, se manifiesta también en su interior. Tiene planta de cruz latina, compuesta por una nave central y capillas laterales abiertas a la nave mediante arcos de medio punto y pilares. El crucero se cubre con una cúpula semiesférica de gallones, decorada con yeserías barrocas. La cubierta de la nave central es de cañón con lunetos, que sigue también sobre el coro, que se encuentra a los pies sobre la puerta de acceso.

Vista del interior del templo

El arraigo cofrade es profundo en este templo, ya que es sede de dos cofradías con mucha historia. En la primera capilla del lado derecho se venera la Hermandad del Santísimo Cristo de Gracia y María Santísima de los Dolores y Misericordia, popularmente conocida como “El Esparraguero”. Un espacio cuadrangular, cubierto con cúpula y decorado con abundantes motivos de yesería barroca. En el retablo, se abre un camarín para cobijar las imágenes de la hermandad. La figura titular procede de la localidad mejicana de Puebla de los Ángeles y que fue donada por Francisca de la Cruz en el año 1618. Delante del altar se haya un relicario de tamaño natural, donde se guardan los restos del fundador del convento, fray Juan Bautista.

Cofradía Cristo de Gracia 

A continuación, podemos contemplar la capilla de la Hermandad y Cofradía de Nuestro Padre Jesús Rescatado, obra de Fernando Díaz de Pacheco de 1713, y María Santísima de la Amargura. Es un habitáculo algo mayor que la del Esparraguero, de planta octogonal y cubierta también con una cúpula. En el camarín se sitúa la imagen del Rescatado, de planta cuadrangular y bóveda baída, al que se accede por una escalinata doble, que tiene su propio acceso desde el exterior. Al lado derecho de la capilla está el altar donde se venera la Virgen de la Amargura.

Vista de la capilla del Cristo de Medinaceli

A comienzos del siglo XIX, este templo sufrió la invasión francesa y la posterior exclaustración de los trinitarios, que no volverán a su casa hasta 1900. Precisamente fue la destrucción francesa la causante de la pérdida del retablo mayor que el templo poseía, que era de traza barroca. El que preside hoy la capilla mayor procede del convento de Jesús Crucificado y se trata de una obra en la que trabajaron Jerónimo Sánchez de Rueda y Jerónimo Caballero, y en la que se cree que también intervino Francisco Hurtado Izquierdo, del año 1702 y cuyo coste ascendió a diez mil reales.

Retablo Mayor

Otra gran obra patrimonial que guarda esta iglesia es una figura de la Inmaculada, de Pedro Roldán de 1668, que preside un pequeño retablo de corte neoclásico, situado en el lado izquierdo del crucero. Las capillas de este lado del templo se completan con retablos dieciochescos dedicados a San Rafael y a San José con el Niño Jesús.

Inmaculada, Pedro Roldán

Conserva además restos de una sillería de coro en el presbiterio y un órgano, ambos del siglo XVIII. Por último, destacar las series de pinturas murales que adornan tanto la bóveda de la nave central como la del crucero y la caja de la escalera que comunica el claustro con el patio exterior y el comedor, dedicadas a la vida de la Virgen y la infancia de Jesús, a los reyes de Judá y a la Pasión de Cristo respectivamente.

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